lunes, 25 de enero de 2010

¡VIVA MURCIA!


Aunque he tenido muchas oportunidades de visitar Murcia en estos últimos años, no ha sido hasta ahora cuando finalmente ha podido ser. Se han tenido que juntar varios factores: Clara y José Miguel querían ver una exposición de Alfonso X "El sabio", Isabel necesitaba urgentemente unos muebles de impronunciable nombre de Ikea y yo simplemente me apunté porque no tenía ningún plan ese fin de semana.
La exposición no era, en principio, lo que más me apetecía, pero la verdad es que me sorprendió. Estaba llena de curiosidades sobre la influencia de Alfonso X en la cultura y sociedad de la época. Una exposición muy bien organizada para atraer a todo tipo de público, con el aliciente de que por primera vez en muchos años estaban reunidos las 4 códices de las cantigas. Importancia de la que no hubiera sido consciente si no fuera por ir acompañado de expertos en el tema como son Clara y José Miguel.
Por la noche, nos dedicamos con empeño a exprimir al máximo la ruta del tapeo de Murcia. Menos mal que mi amigo Javi Mínguez me diseñó por teléfono una ruta con los mejores sitios y sus correspondientes especialidades. De este modo y con mi hoja de libreta en la mano , fuimos tachando de la lista manjares que en Valencia no tenemos, como las "marineras", los pasteles de carne, los "michirones" o el "zarangollo", entre otros. Esa noche me percaté de ciertas peculiaridades de mis acompañantes: cuando mi prima va en grupo lo hace siempre unos pasos por delante de los demás, a Isabel todo "le extraña" y José Miguel tiene un impopular pero efectivo sentido de la orientación.
La visita guiada por la Murcia más clásica el sábado por la mañana estuvo muy bien: explicada al detalle por Pilar, nuestra fantástica guía, que acompañaba cada comentario de alguna anecdotilla curiosa. Quizás el único inconveniente es que casi fallecemos de hipotermia en el interior de la catedral.
La tarde del sábado se centró en Ikea, ese lugar que se han inventado para que nos avergoncemos de lo que es capaz de hacer nuestro consumismo feroz y desmesurado. Cuando uno va por ikea sin ningún objetivo en concreto, cualquier objeto o accesorio parece imprescindible y de extrema necesidad. Pero tanto pecado tuvo su castigo divino y pasamos 10 minutos de auténtico pánico cuando al llegar al coche con dos carros repletos, el maletero no se podía abrir. De regreso al hotel y como no podíamos dejar nuestra compra a la vista, lo que no cabía en el maletero fue subido a las habitaciones ante la atónita mirada del recepcionista y demás clientes. Por la noche volvimos al casco viejo murciano, pero esta vez ya éramos especialistas de la ruta y nos dio tiempo a descubrir nuevos e interesantes locales.
El domingo tuvo lugar un hecho insólito: después de los agujeros negros del universo, la siguiente cosa inexplicable de este mundo es cómo mi prima Clara fue capaz de organizar en un maletero y un asiento las compras y maletas de cuatro personas. Tras este misterio, dejamos Murcia rumbo a Altea, donde queríamos comer.
Altea estaba tan bonita como siempre, a pesar de los nubarrones, y aunque no tuvimos suerte en los restaurantes más apetecibles, acabamos en uno que tenía aspecto de estar destinado a turismo foráneo. Entramos allí por la insistencia de su camarera, que nos asaltó a traición en pleno paseo. A pesar de la inicial desconfianza, el arroz con bogavante silenció todos nuestros prejuicios.
Y así, finalmente, llegamos a casa rememorando lo bien que lo habíamos pasado y satisfechos de haber acabado un fin de semana "REDONDO".

Por cierto, si a alguien le interesa esta experiencia murciana, el hotel es de cuatro estrellas, bien situado y a precio muy asequible: "Hotel Conde de Floridablanca" en la Calle Princesa. Aunque tenemos la ligera sospecha que el servicio de limpieza fumaba, a juzgar por los extraños olores que se percibían al regresar a la habitación. Eso o es que el ambientador no era muy acertado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario